PINTURA DISIDENTE

AIMAR ARRIOLA

Varias ideas relacionadas entre sí sobre el trabajo de Alain Urrutia a partir de una visita a su estudio:

 

Caminar la pintura


En el trazado del recorrido de la pintura desde modelo de aprehensión arquetípico hasta su forma actual compuesta por múltiples posiciones disidentes, es necesario evitar establecer genealogías puras. La práctica de Alain Urrutia se situaría en un extremo de cierta línea discontinua de transmisión de experiencias, que aparentemente partiría de la programática puesta en escena del ‘fin de la pintura’ de Richter, pero que en realidad se situaría más cerca de la pintura de Luc Tuymans en cuanto que repositorio de la memoria, y además estará mediada por universos más amplios como el cine de Tarkovski o la literatura de Alessandro Baricco.

 

La pintura de Alain es el resultado de una concepción procesual de la misma, como en un camino continuo de aprendizaje. El punto cero de su particular ruta se inició con la serie de título “Stalker” (septiembre 2007) --en libre referencia al film de Tarkovski--, que respondía a la necesidad de establecer una metodología pictórica concreta, basada en una figuración de imágenes de lo cotidiano, el recurso a técnicas como el reencuadre o el desenfocado, y una paleta de color limitada (principalmente blanco y negro y grises).

 

La imagen genérica


Decía Tarkovski que es imposible captar el momento en que lo positivo se transforma en su contrario, en que lo negativo penetra en lo positivo. La pintura de Alain tiene algo de esto. Uno siente una inquietante (y placentera) incomodidad ante la transformación de lo reconocible en extraño en su pintura. En muchos de sus cuadros basados en fotografías cotidianas propias o extraídas del álbum familiar -como “Matiné I” o “Matiné II”, ambas 2008- lo conocido, deja paso a lo extraño, y lo particular a lo genérico.

 

Su recurso a la fotografía ha de entenderse no como un ejercicio de traducción de la imagen mecánica/digital a pintura, sino como una mera herramienta de construcción de la imagen pictórica. Por otro lado, el uso de convenciones de la imagen como el desenfoque, el recorte, el reencuadre, los primeros planos, etc., y la consideración de su pintura como un conjunto --una secuencia rota, interrumpida, de imágenes-- establecen una interesante relación entre pintura e imagen fílmica.

 

Espacio de conflicto


La pintura de Alain tiene también algo de violenta, en cuanto que cada uno de sus cuadros puede entenderse como un acto contra el modo natural de proceder. La progresiva inclusión de planos de color a partir de los trabajos designados como “Stricto Sensu” (enero 2008) o el intento de objetualización de la imagen pictórica (como en su serie para el Artium), responden tanto a la necesidad de atentar contra la auto-norma del monocromo como a cierto intento de levantamiento, de texturización, de la superficie del cuadro. En otros trabajos, la referencia a lo conflictivo se torna literal (como en el tríptico “Estética de la violencia lúdica”, 2007, o los trabajos de tinta sobre papel “Tercer tiempo”, 2008) a través de la reflexión estética sobre la legitimidad de la violencia.

 

La multiplicidad de posiciones en torno a lo que constituye hoy una imagen pictórica radica en la naturaleza conflictiva del medio, en la propia capacidad de la pintura para disidir y representar sus contradicciones no resueltas. Por eso, cada pintura de Alain podría entenderse como un espacio desde donde las contradicciones de la propia práctica pictórica se presentan y replantean una y otra vez, aunque no necesariamente en búsqueda del consenso.